lunes, 2 de septiembre de 2019

Discurso pronunciado por, Federico Garcia Lorca, en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, en 1931.










Queridos paisanos y amigos:

         Antes que nada yo debo deciros que no hablo sino que leo. Y no hablo, porque lo mismo que le pasaba a Galdós y en general, a todos los poetas y escritores nos pasa, estamos acostumbrados a decir las cosas pronto y de una manera exacta, y parece que la oratoria es un género en el cual las ideas se diluyen tanto que sólo queda una música agradable, pero lo demás se lo lleva el viento.
Siempre todas mis conferencias son leídas, lo cual indica mucho más trabajo que hablar, pero al fin y al cabo, la expresión es mucho más duradera porque queda escrita y mucho más firme puesto que puede servir de enseñanza a las gentes que no oyen o no están presentes aquí.
          Tengo un deber de gratitud con este hermoso pueblo donde nací y donde transcurrió mi dichosa niñez por el inmerecido homenaje de que he sido objeto al dar mi nombre a la antigua calle de la iglesia. Todos podéis creer que os lo agradezco de corazón, y que yo cuando en Madrid o en otro sitio me preguntan el lugar de mi nacimiento, en encuestas periodísticas o en cualquier parte, yo digo que nací en Fuente Vaqueros para que la gloria o la fama que haya de caer en mí caiga también sobre este simpatiquísimo, sobre este modernísimo, sobre este jugoso y liberal pueblo de la Fuente. Y sabed todos que yo inmediatamente hago su elogio como poeta y como hijo de él, porque en toda la vega de Granada, y no es pasión, no hay otro pueblo más hermoso, ni más rico, ni con más capacidad emotiva que este pueblecito. No quiero ofender a ninguno de los bellos pueblos de la vega de Granada, pero yo tengo ojos en la cara y la suficiente inteligencia para decir el elogio de mi pueblo natal.
          Está edificado sobre el agua. Por todas partes cantan las acequias y crecen los altos chopos donde el viento hace sonar sus músicas suaves en el verano. En su corazón tiene una fuente que mana sin cesar y por encima de sus tejados asoman las montañas azules de la vega, pero lejanas, apartadas, como si no quisieran que sus rocas llegaran aquí donde una tierra muelle y riquísima hace florecer toda clase de frutos.
        El carácter de sus habitantes es característico entre los pueblos limítrofes. Un muchacho de Fuente Vaqueros se reconoce entre mil. Allí le veréis garboso, con el sombrero echado hacia atrás, dando manotazos y ágil en la conversación y en la elegancia. Pero será el primero, en un grupo de forasteros, en admitir una idea moderna o en secundar un movimiento noble.
         Una muchacha de la Fuente la conoceréis entre mil por su sentido de la gracia, por su viveza, por su afán de elegancia y superación.
Y es que los habitantes de este pueblo tienen sentimientos artísticos nativos bien palpables en las personas que han nacido de él. Sentimiento artístico y sentido de la alegría que es tanto como decir sentido de la vida.
      Muchas veces he observado, que al entrar en este pueblo hay como un clamor, un estremecimiento que mana de la parte más íntima de él. Un clamor, un ritmo, que es afán social y comprensión humana. Yo he recorrido cientos y cientos de pueblecitos como éste, y he podido estudiar en ellos una melancolía que nace no solamente de la pobreza, sino también de la desesperanza y de la incultura. Los pueblos que viven solamente apegados a la tierra tienen únicamente un sentimiento terrible de la muerte sin que haya nada que eleve hacia días claros de risa y auténtica paz social.
Fuente Vaqueros tiene ganado eso. Aquí hay un anhelo de alegría o sea de progreso o sea de vida. Y por lo tanto afán artístico, amor a la belleza y a la cultura.Yo he visto a muchos hombres de otros campos volver del trabajo a sus hogares, y llenos de cansancio, se han sentado quietos, como estatuas, a esperar otro día y otro y otro, con el mismo ritmo, sin que por su alma cruce un anhelo de saber. Hombres esclavos de la muerte sin haber vislumbrado siquiera las luces y la hermosura a que llega el espíritu humano. Porque en el mundo no hay más que vida y muerte y existen millones de hombres que hablan, viven, miran, comen, pero están muertos. Más muertos que las piedras y más muertos que los verdaderos muertos que duermen su sueño bajo la tierra, porque tienen el alma muerta. Muerta como un molino que no muele, muerta porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación, imprescindible en todos los hombres para poderse llamar así. Es éste uno de los programas, queridos amigos míos, que más me preocupan en el presente momento.
Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. “Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre”, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita, ¿y dónde están esos libros?
¡Libros!, ¡libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso, Fiódor Dostoyevski, padre de la Revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!”. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua, pedía libros, es decir horizontes, es decir escaleras para subir a la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: “Cultura”. Cultura, porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
Y no olvidéis que lo primero de todo es la luz. Que es la luz obrando sobre unos cuantos individuos lo que hace los pueblos, y que los pueblos vivan y se engrandezcan a cambio de las ideas que nacen en unas cuantas cabezas privilegiadas, llenas de un amor superior hacia los demás.
Por eso ¡no sabéis qué alegría tan grande me produce el poder inaugurar la biblioteca pública de Fuente Vaqueros! Una biblioteca que es una reunión de libros agrupados y seleccionados, que es una voz contra la ignorancia; una luz perenne contra la oscuridad.Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia.
¡Y cuánto esfuerzo ha costado al hombre producir un libro! ¡Y qué influencia tan grande ejercen, han ejercido y ejercerán en el mundo! Ya lo dijo el sagacísimo Voltaire: Todo el mundo civilizado se gobierna por unos cuantos libros: la Biblia, el Corán, las obras de Confucio y de Zoroastro. Y el alma y el cuerpo, la salud, la libertad y la hacienda se supeditan y dependen de aquellas grandes obras. Y yo añado: todo viene de los libros. La Revolución Francesa sale de la Enciclopedia y de los libros de Rousseau, y todos los movimientos actuales societarios comunistas y socialistas arrancan de un gran libro; de El capital, de Carlos Marx.
Pero antes de que el hombre pudiese construir libros para difundirlos, ¡qué drama tan largo y qué lucha ha tenido que sostener! Los primeros hombres hicieron libros de piedra, es decir escribieron los signos de sus religiones sobre las montañas. No teniendo otro modo, grabaron en las rocas sus anhelos con esta ansia de inmortalidad, de sobrevivir, que es lo que diferencia al humano de la bestia. Luego emplearon los metales. Aarón, sacerdote milenario de los hebreos, hermano de Moisés, llevaba una tabla de oro sobre el pecho con inscripciones, y las obras del poeta griego primitivo Hesíodo, que vio a las nueve musas bailar sobre las cumbres del monte Helicón, se escribieron sobre láminas de plomo. Más tarde los caldeos y los asirios ya escribieron sus códices y los hechos de su historia sobre ladrillos, pasando sobre éstos un punzón antes de que se secasen. Y tuvieron grandes bibliotecas de tablas de arcilla, porque ya eran pueblos adelantados, estupendos astrónomos, los primeros que hicieron altas torres y se dedicaron al estudio de la bóveda celeste.
Los egipcios, además de escribir en las puertas de sus prodigiosos templos, escribieron sobre unas largas tiras vegetales llamadas papiros, que enrollaban. Aquí empieza el libro propiamente dicho. Como el Egipto prohibiera la exportación de esta materia vegetal, y deseando las gentes de la ciudad de Pérgamo tener libros y una biblioteca, se les ocurrió utilizar las pieles secas de los animales para escribir sobre ellas, y entonces nace el pergamino, que en poco tiempo venció al papiro y se utiliza ya como única materia para hacer libros, hasta que se descubre el papel.
Mientras cuento esto de manera tan breve, no olvidar que entre hecho y hecho hay muchos siglos; pero el hombre sigue luchando con las uñas, con los ojos, con la sangre, por eternizar, por difundir, por fijar el pensamiento y la belleza.
Cuando a Egipto se le ocurre no vender papiros porque los necesitan o porque no quieren, ¿quién pasa en Pérgamo noches y años enteros de luchas hasta que se le ocurre escribir en piel seca de animal?, ¿qué hombre o qué hombres son estos que en medio del dolor buscan una materia donde grabar los pensamientos de los grandes sabios y poetas? No es un hombre ni son cien hombres. Es la humanidad entera la que les empujaba misteriosamente por detrás.
Entonces, una vez ya con pergamino, se hace la gran biblioteca de Pérgamo, verdadero foco de luz en la cultura clásica. Y se escriben los grandes códices. Diodoro de Sicilia dice que los libros sagrados de los persas ocupaban en pergaminos nada menos que mil doscientas pieles de buey.
Toda Roma escribía en pergaminos. Todas las obras de los grandes poetas latinos, modelos eternos de profundidad, perfección y hermosura, están escritas sobre pergamino. Sobre pergaminos brotó el arrebatado lirismo de Virgilio y sobre la misma piel amarillenta brillan las luces densas de la espléndida palabra del español Séneca.
Pero llegamos al papel. Desde la más remota antigüedad el papel se conocía en China. Se fabricaba con arroz. La difusión del papel marca un paso gigantesco en la historia del mundo. Se puede fijar el día exacto en que el papel chino penetró en Occidente para bien de la civilización. El día glorioso que llegó fue el 7 de julio del año 751 de la era cristiana.
Los historiadores árabes y los chinos están conformes en esto. Ocurrió que los árabes, luchando con los chinos en Corea lograron traspasar la frontera del Celeste Imperio y consiguieron hacerles muchos prisioneros. Algunos prisioneros de estos tenían por oficio hacer papel y enseñaron su secreto a los árabes. Estos prisioneros fueron llevados a Samarkanda donde ejercieron su oficio bajo el reinado del sultán Harun al-Rachid, el prodigioso personaje que puebla los cuentos de Las mil y una noches.El papel se hizo con algodón, pero como allí escaseaba este producto, se les ocurrió a los árabes hacerlo de trapos viejos y así cooperaron a la aparición del papel actual. Pero los libros tenían que ser manuscritos. Los escribían los amanuenses, hombres pacientísimos que copiaban página a página con gran primor y estilo, pero eran muy pocas las personas que los podían poseer.
Y así, como las colecciones de rollos de papiros o de pergaminos pertenecieron a los templos o a las colecciones reales, los manuscritos en papel ya tuvieron más difusión, aunque naturalmente entre las altas clases privilegiadas. De este modo se hacen multitud de libros, sin que se abandone, naturalmente, el pergamino, pues sobre esta clase de materia se pintan por artistas maravillosas miniaturas de vivos colores de tal belleza e intensidad, que muchos de estos libros los conservan las actuales grandes bibliotecas, como verdaderas joyas, más valiosas que el oro y las piedras preciosas mejor talladas. Yo he tenido con verdadera emoción varios de estos libros en mis manos. Algunos códices árabes de la biblioteca de El Escorial y la magnífica Historia natural, de Alberto Magno, códice del siglo xiii existente en la Universidad de Granada, con el cual me he pasado horas enteras, sin poder apartar mis ojos de aquellas pinturas de animales, ejecutadas con pinceles más finos que el aire, donde los colores azules y rosas y verdes y amarillos se combinan sobre fondos hechos con panes de oro.
Pero el hombre pedía más. La humanidad empujaba misteriosamente a unos cuantos hombres para que abrieran con sus hachas de luz el bosque tupidísimo de la ignorancia. Los libros, que tenían que ser para todos, eran por las circunstancias objetos de lujo, y sin embargo son objetos de primera necesidad. Por las montañas y por los valles, en las ciudades y a las orillas de los ríos, morían millones de hombres sin saber qué era una letra. La gran cultura de la Antigüedad estaba olvidada y las supersticiones más terribles nublaban las conciencias populares.
Se dice que el dolor de saber abre las puertas más difíciles, y es verdad. Este ansia confusa de los hombres movió a dos o tres a hacer sus estudios, sus ensayos, y así apareció en el siglo XV, en Maguncia de Alemania, la primera imprenta del mundo. Varios hombres se disputan la invención, pero fue Gutenberg el que la llevó a cabo. Se le ocurrió fundir en plomo las letras y estamparlas, pudiendo así reproducir infinitos ejemplares de un libro. ¡Qué cosa más sencilla! ¡Qué cosa más difícil! Han pasado siglos y siglos, y sin embargo no ha surgido esta idea en la mente del hombre. Todas las claves de los secretos están en nuestras manos, nos rodean constantemente pero sin embargo, ¡qué enorme dificultad para abrir las puertecitas donde viven ocultos!
En las materias de la naturaleza se encuentran, sin duda, los lenitivos de muchas enfermedades incurables, ¿pero qué combinación es la precisa, la justa, para que el milagro se opere? Pocas veces en la historia del mundo hay un hecho más importante que éste de la invención de la imprenta. De mucho más alcance que los otros dos grandes hechos de su época: la invención de la pólvora y el descubrimiento de América. Porque si la pólvora acaba con el feudalismo y da motivo a los grandes ejércitos y a la formación de fuertes nacionalidades antes fraccionadas por la nobleza, y el nacimiento de América da lugar a un desplazamiento de la historia a una nueva vida y termina con un milenario secreto geográfico, la imprenta va a causar una revolución en las almas, tan grande que las sociedades han de temblar hasta sus cimientos. Y sin embargo ¡con qué silencio y qué tímidamente nace! Mientras la pólvora hacía estallar sus rosas de fuego por los campos, y el Atlántico se llenaba de barcos que con las velas henchidas por el viento iban y venían cargados de oro y materiales preciosos, calladamente en la ciudad de Amberes, Cristóbal Plantino establece la imprenta y la librería más importante del mundo, y ¡por fin!, hace los primeros libros baratos.
Entonces los libros antiguos, de los que quedaban uno o dos o tres ejemplares de cada uno, se agolpan en las puertas de las imprentas y en las puertas de las casas de los sabios pidiendo a gritos ser editados, ser traducidos, ser expandidos por toda la superficie de la tierra. Éste es el gran momento del mundo. Es el Renacimiento. Es el alba gloriosa de las culturas modernas con las cuales vivimos.
Muchos siglos antes de esto que cuento, después de la caída del imperio romano, de las invasiones bárbaras y el triunfo del cristianismo, tuvo el libro su momento más terrible de peligro. Fueron arrasadas las bibliotecas y esparcidos los libros. Toda la ciencia filosófica y la poesía de los antiguos estuvieron a punto de desaparecer. Los poemas homéricos, las obras de Platón, todo el pensamiento griego, luz de Europa, la poesía latina, el Derecho de Roma, todo, absolutamente todo. Gracias a los cuidados de los monjes no se rompió el hilo. Los monasterios antiguos salvaron a la humanidad. Toda la cultura y el saber se refugió en los claustros donde unos hombres sabios y sencillos, sin ningún fanatismo ni intransigencia (la intransigencia es mucho más moderna), custodiaron y estudiaron las grandes obras imprescindibles para el hombre. Y no solamente hacían esto, sino que estudiaron los idiomas antiguos para entenderlos y así se da el caso de que un filósofo pagano como Aristóteles influya decisivamente en la filosofía católica. Durante toda la Edad Media los benedictinos del monte Athos recogen y guardan infinidad de libros y a ellos les debemos conocer casi las más hermosas obras de la humanidad antigua.
Pero empezó a soplar el aire puro del Renacimiento italiano y las bibliotecas se levantan por todas partes. Se desentierran las estatuas de los antiguos dioses, se apuntalan los bellísimos templos de mármol, se abren academias como la que Cosme de Médicis fundó en Florencia para estudiar las obras del filósofo Platón, y en fin el gran papa Nicolás v enviaba comisionistas a todas las partes del mundo para que adquirieran libros y pagaba espléndidamente a sus traductores.
Pero con ser esto magnífico, el paso grande lo daba el editor Cristóbal Plantino en Amberes. Era de aquella casita con su patinillo cubierto de hiedras y sus ventanas de cristales emplomados, de donde salía la luz para todos con el libro barato y donde se urdía una gran ofensiva contra la ignorancia que hay que continuar con verdadero calor, porque todavía la ignorancia es terrible y ya sabemos que donde hay ignorancia es muy fácil confundir el mal con el bien y la verdad con la mentira.Naturalmente, los poderosos que tenían manuscritos y libros en pergamino, se sonrieron del libro impreso en papel como cosa deleznable y de mal gusto que estaba al alcance de todos. Sus libros estaban ricamente pintados con adornos de oro y los otros eran simples papeles con letras. Pero a mediados del siglo XV y gracias a los magníficos pintores flamencos, hermanos Van Eyck, que fueron también los primeros que pintaron con óleo, aparece el grabado y los libros se llenaron de reproducciones que ayudaban de modo notable al lector. En el siglo XVI, el genio de Alberto Durero lo perfeccionó y ya los libros pudieron reproducir cuadros, paisajes, figuras, siguiéndose perfeccionando durante todo el XVII para llegar en el siglo XVIII a la maravilla de las ilustraciones y la cumbre de la belleza del libro hecho con papel.
El siglo XVIII llega a la maravilla en hacer libros bellos. Las obras se editan llenas de grabados y aguafuertes, y con un cuidado y un amor tan grandes por el libro que todavía los hombres del siglo XX, a pesar de los adelantos enormes, no hemos podido superar.
El libro deja de ser un objeto de cultura de unos pocos para convertirse en un tremendo factor social. Los efectos no se dejan sentir. A pesar de persecuciones y de servir muchas veces de pasto a las llamas, surge la Revolución Francesa, primera obra social de los libros.
Porque contra el libro no valen persecuciones. Ni los ejércitos, ni el oro, ni las llamas pueden contra ellos; porque podéis hacer desaparecer una obra, pero no podéis cortar las cabezas que han aprendido de ella porque son miles, y si son pocas ignoráis dónde están.
Los libros han sido perseguidos por toda clase de Estados y por toda clase de religiones, pero esto no significa nada en comparación con lo que han sido amados. Porque si un príncipe oriental fanático quema la biblioteca de Alejandría, en cambio Alejandro de Macedonia manda construir una caja riquísima de esmaltes y pedrerías para conservar La llíada, de Homero; y los árabes cordobeses fabrican la maravilla del Mirahb de su mezquita para guardar en él un Corán que había pertenecido al califa Omar. Y pese a quien pese, las bibliotecas inundan el mundo y las vemos hasta en las calles y al aire libre de los jardines de las ciudades.
Cada día que pasa las múltiples casas editoriales se esfuerzan en bajar los precios, y hoy ya está el libro al alcance de todos en ese gran libro diario que es la prensa, en ese libro abierto de dos o tres hojas que llega oloroso a inquietud y a tinta mojada, en ese oído que oye los hechos de todas las naciones con imparcialidad absoluta; en los miles de periódicos, verdaderos latidos del corazón unánime del mundo.
Por primera vez en su corta historia tiene este pueblo un principio de biblioteca. Lo importante es poner la primera piedra, porque yo y todos ayudaremos para que se levante el edificio. Es un hecho importante que me llena de regocijo y me honra que sea mi voz la que se levante aquí en el momento de su inauguración, porque mi familia ha cooperado extraordinariamente a la cultura vuestra. Mi madre, como todos sabéis, ha enseñado a mucha gente de este pueblo, porque vino aquí para enseñar, y yo recuerdo de niño haberla oído leer en alta voz para ser escuchada por muchos. Mis abuelos sirvieron a este pueblo con verdadero espíritu y hasta muchas de las músicas y canciones que habéis cantado han sido compuestas por algún viejo poeta de mi familia. Por eso yo me siento lleno de satisfacción en este instante y me dirijo a los que tienen fortuna pidiéndoles que ayuden en esta obra, que den dinero para comprar libros como es su obligación, como es su deber. Y a los que no tienen medios, que acudan a leer, que acudan a cultivar sus inteligencias como único medio de su liberación económica y social. Es preciso que la biblioteca se esté nutriendo de libros nuevos y lectores nuevos y que los maestros se esmeren en no enseñar a leer a los niños mecánicamente, como hacen tantos por desgracia todavía, sino que les inculquen el sentido de la lectura, es decir, lo que vale un punto y una coma en el desarrollo y forma de una idea escrita.
Y ¡libros!, ¡libros! Es preciso que a la bibliotequita de la Fuente comiencen a llegar libros. Yo he escrito a la editorial de la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde yo he estudiado tantos años, y a la Editorial Ulises, para ver si consigo que manden aquí sus colecciones completas, y desde luego, yo mandaré los libros que he escrito y los de mis amigos.
Libros de todas las tendencias y de todas las ideas. Lo mismo las obras divinas, iluminadas, de los místicos y los santos, que las obras encendidas de los revolucionarios y hombres de acción. Que se enfrenten el Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, obra cumbre de la poesía española, con las obras de Tolstói; que se miren frente a frente La ciudad de Dios de san Agustín con Zaratustra de Nietzsche o El capital de Marx. Porque queridos amigos, todas estas obras están conformes en un punto de amor a la humanidad y elevación del espíritu, y al final, todas se confunden y abrazan en un ideal supremo.
Y ¡lectores!, ¡muchos lectores! Yo sé que todos no tienen igual inteligencia, como no tienen la misma cara; que hay inteligencias magníficas y que hay inteligencias pobrísimas, como hay caras feas y caras bellas, pero cada uno sacará del libro lo que pueda, que siempre le será provechoso, y para algunos será absolutamente salvador. Esta biblioteca tiene que cumplir un fin social, porque si se cuida y se alienta el número de lectores, y poco a poco se va enriqueciendo con obras, dentro de unos años ya se notará en el pueblo, y esto no lo dudéis, un mayor nivel de cultura. Y si esta generación que hoy me oye no aprovecha por falta de preparación todo lo que puedan dar los libros, ya lo aprovecharán vuestros hijos. Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.
Los padres luchan por sus hijos y por sus nietos, y egoísmo quiere decir esterilidad. Y ahora que la humanidad tiende a que desaparezcan las clases sociales, tal como estaban instituidas, precisa un espíritu de sacrificio y abnegación en todos los sectores, para intensificar la cultura, única salvación de los pueblos.
Estoy seguro que Fuente Vaqueros, que siempre ha sido un pueblo de imaginación viva y de alma clara y risueña como el agua que fluye de su fuente, sacará mucho jugo de esta biblioteca y servirá para llevar a la conciencia de todos nuevos anhelos y alegrías por saber. Os he explicado a grandes trazos el trabajo que ha costado al hombre llegar a hacer libros para ponerlos en todas las manos. Que esta modesta y pequeña lección sirva para que los améis y los busquéis como amigos. Porque los hombres se mueren y ellos quedan más vivos cada día, porque los árboles se marchitan y ellos están eternamente verdes y porque en todo momento y en toda hora se abren para responder a una pregunta o prodigar un consuelo.
Y sabed, desde luego, que los avances sociales y las revoluciones se hacen con libros y que los hombres que las dirigen mueren muchas veces como el gran Lenin de tanto estudiar, de tanto querer abarcar con su inteligencia. Que no valen armas ni sangre si las ideas no están bien orientadas y bien digeridas en las cabezas. Y que es preciso que los pueblos lean para que aprendan no sólo el verdadero sentido de la libertad, sino el sentido actual de la comprensión mutua y de la vida.
Y gracias a todos. Gracias al pueblo, gracias en particular a la agrupación socialista que siempre ha tenido conmigo las mayores deferencias, y gracias a vuestro alcalde, don Rafael Sánchez Roldán, hombre benemérito, verdadero y leal hijo del trabajo, que ha adquirido por su propio esfuerzo ilustración y conciencia de su época, y merced al cual es hoy un hecho esta biblioteca pública.
Y un saludo a todos. A los vivos y a los muertos, ya que vivos y muertos componen un país. A los vivos para desearles felicidad y a los muertos para recordarlos cariñosamente porque representan la tradición del pueblo y porque gracias a ellos estamos todos aquí. Que esta biblioteca sirva de paz, inquietud espiritual y alegría en este precioso pueblo donde tengo la honra de haber nacido, y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: “Dime qué lees y te diré quien eres”.
He dicho.
Septiembre de 1931

   


miércoles, 2 de enero de 2019

Pensar el tiempo, pensar a tiempo. Por Luis Castro Nogueira. Revista Archipiélago



Acaso aún estemos a tiempo. Por abrigarnos del tiempo (meteorológico) nos construimos un tiempo (cronológico) que se ha convertido en nuestra morada, morada insustancial donde las haya. No es el nuestro un tiempo cualitativo, tiempo -tiempos- de vida, tiempos propios de las cosas, gentes y ocasiones, sino cuantitativo, abstracto, separado, expropiado a las cosas, las gentes. No tiempo de esto o de lo otro, sino tiempo en el que ocurre esto o lo otro. No ese tiempo que puede ser bueno o malo, sino tiempo a secas, que se mide y pasa, fracturado en unidades homogéneas que se intercambian con las correspondientes en trabajo, dinero o espacio recorrido. No tiempo de vida sino tiempo debido, no tiempo propio sino enajenado. Tiempo de muerte.
Mary Cassat

La búsqueda del tiempo perdido que hoy proponemos no pretende, sin embargo, ninguna nostálgica -e imposible- recuperación de unidades de tiempo que midieron días ya idos para siempre, sino explorar esos otros tiempos que laten en el fondo de lo aún no medido, sondear su espesura, aventurar tiempos desmesurados. Epimeteo, el titán mudable, era -como el tiempo climático- imprevisible. La menor variación en las condiciones iniciales -que diría la dinámica de sistemas alejados del equilibrio- alteraba estrepitosamente sus reacciones. Y no perdía ocasión para dejarse seducir por ella, se llamase o no Pandora. Él repartió a cada animal su cualidad propia. Su tiempo es de la naturaleza: apasionado, caótico, denso, interno, intenso. A su esforzado hermano Prometeo, se le ve venir. Su tiempo es el de la pre-meditación y el pro-yecto, tiempo del pasado reiterado y del futuro prefabricado. Un no tiempo que, desde fuera, se impone a la multitud de los tiempos que palpitan en lo vivo. Su tiempo es el de la pre-visión y la obstinación, el de la idea encarnada, el de la ciencia y la técnica: imperturbable, lineal, superficial, externo, extenso. Su destino no podía ser otro que la muerte permanente: tiempo encadenado, tiempo de condena.

ILYA PRIGOGINE (El redescubrimiento del Tiempo/1) se revuelve a pensar estas dos concepciones del tiempo, en el que sin duda es uno de sus más sugestivos artículos. La física clásica optó por el segundo de ellos: mecánico, reversible/indiferente, soporte de previsiones, determinista, medida de un orden tan perfecto que sólo podía existir como imposición y distorsión de los fenómenos: un tiempo que es un no-tiempo. Las ciencias humanas, tan faltas de imaginación como ávidas de servir al orden dominante, no dudaron en adoptarlo como modelo. ¿Cómo pedirles perdón ahora? ¿Cómo explicarles que la misma física recupera el tiempo narrativo, no ya el de la historia sino el de las historias, ese tiempo que nace del acontecimiento en vez de sobrevolarlo, impertérrito? La historia es hija del tiempo, pero el tiempo también tiene su historia. Así, J.T. FRASER (El muro de cristal. Ideas representativas sobre el tiempo en el pensamiento occidental) articula su escrito a través de las distintas formulaciones temporales: Zenón, Platón, los teóricos de la Edad Media y los neoplatónicos, que configurarán las corrientes humanistas. contrapondrán dos modelos de tiempo, cada vez más individualizado (Kant, Hegel) dentro de una civilización occidental que se ha convertido en el emblema del devenir y la fugacidad. ENRIQUE OCAÑA (Del reloj de arena al reloj del "trabajador": Ernst Jünger y la vivencia de tiempo) la rastrea también, de la mano de E. Jünger, a través de la evolución de los relojes. En los primeros, el pulso del tiempo se sentía vibrar en el corazón de la materia con que se construían: relojes de arena, de agua, de sol, de fuego. Con los relojes mecánicos el tiempo se tritura en sus fracciones: molinos de tiempo. ¿Anuncian los nuevos relojes (de cuarzo, de radiaciones atómicas, eléctricos) un rebrotar del pulso material del tiempo?

El tiempo de los modernos, como observa PAZ MORENO (Del tiempo como actividad), no es, con todo, sino un islote entre los tiempos de las restantes culturas, que nunca lo separan de las actividades vitales y sociales. Así, como apunta EMMÁNUEL LIZCANO (El tiempo en el imaginario social chino) en la antigua China el tiempo no se lanza hacia ningún futuro sino que se anuda, y se reanuda -como la propia serie numérica en sus cuadrados mágicos-, en torno a sí mismo, al espacio, y al observador, prestándole espesor y singularidad al momento. En el entramado de la muchedumbre de figuras del tiempo que así se van abriendo busca UMBERTO GALIMBERTI (Las metamorfosis de Crono) el sentido que hoy pueda tener para nosotros eso que llamamos tiempo. LUIS CASTRO NOGUEIRA (Contra el tiempo, espacio. Del frenesí virílico a los territorios de E.W. Soja) se hace fuerte en el espacio frente al tiempo de la modernidad. La Ilustración nos ha dejado sin lugar, literalmente des-fondados, al instalarnos en el frenesí del tiempo: un frenesí que tiene en P. Virilio un exasperante cumplimiento. Porque esa imperiosa pujanza del tiempo le ha llevado a entrometerse, al pensar de AGUSTÍN GARCÍA CALVO (El tiempo del cálculo en el cálculo), hasta en el reino del que parecía más ajeno, el de las matemáticas, donde el tiempo de la realidad viene así a interferir con ese otro tiempo que les es propio: el tiempo interno del cálculo. Acaso haya llegado el momento de reclamar, como hace J.A. GONZÁLEZ SAINZ (Una modesta reclamación de tiempo muerto) a imitación de lo que suele en los deportes, un tiempo muerto: la muerte del tiempo. Nada parece más urgente. Acaso aún estemos a tiempo.

martes, 1 de enero de 2019

Dedicada a Esperanza. Por Carmen Pilar Corral Gómez







Como si el silencio

albergara en tus ojos

cerrados los siglos.


Corres


amarrada y mansa,


al sueño,



con raíz honda para

bien dormir tus vuelos

de estatua inmóvil.











   Para mí amiga segoviana, afincada en Córdoba, hace muchos años. Que siempre que me invita a café, a su casa. Y me cuenta las mejores historias, que mi oído, acerca de Córdoba,  ha podido escuchar. A ésta extranjera que soy yo en su propia tierra, y vuelvo, embobada y atenta. Ella mueve las piedras del tiempo.



martes, 11 de diciembre de 2018

Del Libro, "El sermón del fresno" del Gran Miguel Ángel Velasco

A UNA MUJER DORMIDA

A la orilla de tu cuerpo, te miro simular en la
de la engañosa modestia de la santa, y olvidar 
la madeja de tu sangre, que te bulle en el sueño, que te 
traiciona, como yo te traiciono nombrando tu silencio,
precisando los límites de tu calma, bahía que sueña un 
mar informe. Sé que no deseas el día, recelosa de 
clamor y pujanza, que recibes el fin de la jornada no 
como un declinar, sino como el abrirse a una ancha patria, que turbada contemplas al estío erguir 
sus claros pabellones y enardecer a los hombres con joviales 
arengas, para luego recostarlos en renovada noche. 
¿Qué guirnalda buscar para ornar tu cabeza, que no te 
inquiete en su cerco de dicha?



El sermón del fresno
Miguel Ángel Velasco


Illustration by Julia Margaret Canon.


Louise Bourgeois y el deseo. Por Carmen Pilar Corral Gómez



El deseo no tiene 'espejo'. La extrañeza es la reina de los recuerdos y olores de la infancia más escondida. La imagen divina se contrarresta con el deseo de embalsamamiento y el de desmayo. Hay mujeres que giran en la más amorosa nada de un antirelato que se queda suspendido en la tristeza rígido como el de estatuas de bronce a lo Louise Bourgeois, inspirada en los descubrimientos de Freud (Hablo de la histeria y de su síntoma (cuerpos doblados), que se hace carne. Se hace carne su sintoma de esos deseos nunca cumplidos).



Del libro "Digo Yo". Ensayos y Cavilaciones. Isabel Escudero Rios

La santidad del impudor, como los animalitos. ¡Bendita exageración! (y si nos copian más todavía)


Cecil Beaton Photographs Tyneside Shipyards 1943



Por Carmen Pilar Corral Gómez



Ella es la luna, 
aquella de cuyos ojos, todo
el cielo cuelga.


Siempre en lance
de todo y de todos, su vía
nos deja entrever. 

Como un bálsamo
que nos riega, y nos niega,
su, en sombra, luz.

Ven, niña de nuevo, 
abájate de lo que es firme,
como escritura: 

- ¡Ven! Y dime...:
¿Qué hago yo aquí, sin tí,
ahora, luna redonda?

¡Embustero ser!



Illustration: 'La maja del Tarot' en 1965

Leonora Carrington 

Radio Tres. Medios de Formación de Masas. ¿Agustín García Calvo?


¡Rescato aquí, algo de una conferencia que daba el maestro y amigo, Agustín sobre los Medios de Formación de Masas, como llamando al corazón. No hay intercambio de un amor verdadero entre la gente sin llevar con él ese muerto cliché de verdades ya hechas que lleva uno en la boca. En vez de mejorar y darle rienda suelta al cuento que uno dentro lleva. Y: ¡millones de gracias por tanto, tanto! ¡Ay!





"Una de las características de los auto denominados “medios de comunicación, de los aquí solemos denominar como “Medios de Formación de Masas” es la de vender sistemáticamente una serie de clichés de “verdades hechas”, de “valores establecidos”, que pretenden pasar como lo que ocurre en “el mundo”, ser la traducción de lo que vamos viviendo. Y otra de las características es conseguir es que los individuos que consumen sus clichés consideren éstos como una graciosa ocurrencia propia, una opinión personal. Entre los medios de formación el que parece tener mas éxito va teniendo en estas dos labores es la televisión. Pues bien, sobre esto, es sobre lo que hoy os invitamos a participar. Para hacerlo, ya sabéis, que contáis con los siguientes teléfonos (...). Buenos días Agustín!

Agustín: ¡...Buenos días!. Sí... 

Entrevistador: Y...¿Qué nos cuentas sobre esto...?

Agustín: Vamos a intentar meternos con “Los Medios de Formación de Masas”de la manera más clara y fría posible, reprimiendo si es preciso un poco la pasión que tantas heridas como sólo el pueblo infieren en esos medios, nos hacen sentir. Vamos a intentar con un poco de calma hablad contra ellos. Explicad qué son. Y sí..., cómo representante supremo, como el más alto representante, de la televisión en especial. No porque ya una monomanía un poco caprichosa contra la televisión. Todos son medios de formación de masas. También éste que estamos usando en este momento, también la radio, también la prensa. Pero..., evidentemente, la televisión se caracteriza por haber nacido ya, precisamente para eso, y solo para eso. De una manera descarada. Y ésto lo revela hasta la forma del aparato, en las condiciones de la proyección, y en las formas en que se recibe. 

Todo eso tenemos que irlo viendo. Pero, tal vez, para algunos de los oyentes, especialmente que no sean familiares con estas charlas, habría que recordar qué es eso de masas, qué es lo que estamos diciendo ahí... 

Hace un par de decenios, todavía éstos medios se les llamaba a la americana, Mass Media. Parece que el término se ha abandonado y que se prefiere volverlos a llamar, eso..., Medios de Comunicación. Una falsedad sangrante. Porque comunicar parece querer decir que, entre dos, entre varios... de la gente, pueden venir a participar de lo que haya común entre ellos, lo que hay de común, que es esencialmente el lenguaje común, qué unos y otros usan. Mientras que aquí se trata por el contrario de imponer desde arriba algo. Todo lo más opuesto a la comunicación. Así es como se forman las masas. Pero las masas están constituidas por personas, precisamente, por personas individuales. De tal forma que, mientras aquello que llamamos pueblo y que estaría por debajo: No es contable, no tiene número de almas, las masas sí están contadas, tienen número de almas, y cómo consecuencia cada una de las almas adquiere una individualidad. Una personalidad propia. No es extraño que después, éstos mismos Medios de Formación de Masas, por ejemplo, en la propaganda de una comercial, acudan constantemente a la explotación de la personalidad individual de cada uno, precisamente para vender masivamente sus productos. 

Ésta es una razón que con frecuencia no se tiende. Estamos muy acostumbrados a contraponer algo así como una presunta libertad individual contra la masificación o la uniformización. Eso es una gran mentira que convendría ir desvelando poco a poco. No. Las masas están literalmente compuestas de individuos, como usted y como yo. Personas. Qué cada una de ellas tiene que creer qué tiene sus ideas. Y qué tiene su voluntad, qué compra y hace lo que quiere, precisamente, para que los medios consigan qué, todos en conjunto hagan lo que está mandado y compren lo que se les vende. Esa es la noción de masas a la que tenemos que acudir. 

Los Medios de Formación de Masas y la Televisión a la cabeza ejercen por tanto, constantemente, una explotación, un dominio, de aquello otro a lo que llamamos pueblo.

No deberíamos consentir que se hicieran, ni aquí ni en ninguna parte, una mera crítica, más o menos, intelectual, de estos Medios de Formación de Masas. La única crítica de verdad sería aquella que promoviera, desde los más hondo de los corazones de quienes oyeran, una especie de levantamiento popular, de levantamiento de eso de pueblo que queda en nosotros, y qué es lo que esta oprimido, y dominado por los Medios de Formación. Ojalá! .. alguna de las voces que surjan entre nuestros oyentes sean una especie de prenuncio, inicio, puesto qué ya..., hablar es hacer, de ese levantamiento popular. No sé si tenemos alguna... por el momento".





LA DESPERSONALIZACIÓN DE LA FLOR. Por Isabel Escudero Ríos

 Aprovecho esta fotografía tan mágica de la que sin saber el autor, aprovecho para felicitarle y para dejaros un diálogo entre dos mujeres bravas, María Zambrano y Simone Weil, que gracias a su rareza, encuentran una grieta por donde venirse a hablar sobre la persona personal y la Democracia a través de Isabel Escudero Rios, que las invita ! Salú amores...Y que viva, Isabel y el maravilloso Baúl de Trompetillas que desde aquí mando saludos y las gracias. 



http://bauldetrompetillas.es/wp-content/uploads/pdf/despersonalizaciondelaflor.pdf



XII. De la cerveza, la poesía y la manipulación del alma.

Del Libro de ¿Agustín García Calvo?, LALIA, nos trae la mañana la pintura en óleo de  "La dama negra" de Hermenegildo Anglada Camarasa, pintor español, una serie de ataques a la idea que el mundo se tiene de sí mismo.




XII. De la cerveza, la poesía y la manipulación del alma.


21. Examinemos pués la ambigüedad esencial de este mecanismo de la confabulación pues en primera instancia parece el procedimiento destruír en efecto la trama misma del drama, en cuanto nos parece que la ilusión, la creencia en la realidad de lo representado, era una condición indispensable en la función dramática; pero de hecho, en segunda instancia, no resulta el drama destruído por la confabulación, sino que esa rotura autocrítica de la convención dramática resulta que viene a reforzar, como una pieza más de la artillería dramática, el efecto cómico y aún el trágico, y aquello que estorba la identificación de espectador con el actor en cuanto personaje favorece en cambio la simpatía de espectador con el actor en cuanto personaje en cuanto actor. Es nuestro parecer a tal propósito que esa ambigüedad del mecanismo de confabulación no hace sino a su vez revelar la ambigüedjad esencial de los mecanismos poéticos (retóricos, oratorios) mismos: decimos que la poesía, con lo que hace, invita a la resignación y contento con la situación impuesta al mismo tiempo que, con lo que dice, denuncia la mentira y miseria de la situación: esto es -dicho al revés-, que cantando el paraíso perdido, revela la tristeza del mundo histórico, al tiempo que, con el hecho de cantarlo, contribuye a ña resignación con el mundo dado, en el que también cabe un cierto disfrute del paraíso por medio de su añoranza. Hay ciertamente una clase de poesía, así como de oratoria y de panfleto doctrinario, que se dedica a la emoción o persuasión, por medio del engaño: íntegramente identificada ella con los mecanismos de la mentira que a la sociedad en general son esenciales, colabora, por la identificación de los receptores; hay también una oratoria de profeta, la denuncia radical, directa y furibunda de la falsedad del mundo: boca y mano mortal han de ser, sin embargo, las que pronuncien la denuncia, implicadas -quiero decir- en el mismo universo económico que tiene a todos implicados, y así la verdad más directa y claramente proclamada, imposible de aceptar por los oyentes en instancias relativamente profundas de sus almas, será objeto tan sólo de una aceptación o puramente racional, y al reincidir de este modo en la escisión entre acción y teoría constitutiva del Estado, estará colaborando a la perpetua construcción de la mentira; pero está además la más honesta y dulce poesía, la cual es -ay- la ambigua, en el sentido que arriba la describíamos, la que invitando a la conformidad descubre la miseria y consuela del falso mundo cantando su falsedad. Y en los mecanismos de esa poesía el movimiento de persuasión se produce como una especie de simpatía de igual a igual entre el cantor y los oyentes, como condenados uno y otro a igual condena y suspirando por aquello que le es en común negado".



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