martes, 11 de diciembre de 2018

XII. De la cerveza, la poesía y la manipulación del alma.

Del Libro de ¿Agustín García Calvo?, LALIA, nos trae la mañana la pintura en óleo de  "La dama negra" de Hermenegildo Anglada Camarasa, pintor español, una serie de ataques a la idea que el mundo se tiene de sí mismo.




XII. De la cerveza, la poesía y la manipulación del alma.


21. Examinemos pués la ambigüedad esencial de este mecanismo de la confabulación pues en primera instancia parece el procedimiento destruír en efecto la trama misma del drama, en cuanto nos parece que la ilusión, la creencia en la realidad de lo representado, era una condición indispensable en la función dramática; pero de hecho, en segunda instancia, no resulta el drama destruído por la confabulación, sino que esa rotura autocrítica de la convención dramática resulta que viene a reforzar, como una pieza más de la artillería dramática, el efecto cómico y aún el trágico, y aquello que estorba la identificación de espectador con el actor en cuanto personaje favorece en cambio la simpatía de espectador con el actor en cuanto personaje en cuanto actor. Es nuestro parecer a tal propósito que esa ambigüedad del mecanismo de confabulación no hace sino a su vez revelar la ambigüedjad esencial de los mecanismos poéticos (retóricos, oratorios) mismos: decimos que la poesía, con lo que hace, invita a la resignación y contento con la situación impuesta al mismo tiempo que, con lo que dice, denuncia la mentira y miseria de la situación: esto es -dicho al revés-, que cantando el paraíso perdido, revela la tristeza del mundo histórico, al tiempo que, con el hecho de cantarlo, contribuye a ña resignación con el mundo dado, en el que también cabe un cierto disfrute del paraíso por medio de su añoranza. Hay ciertamente una clase de poesía, así como de oratoria y de panfleto doctrinario, que se dedica a la emoción o persuasión, por medio del engaño: íntegramente identificada ella con los mecanismos de la mentira que a la sociedad en general son esenciales, colabora, por la identificación de los receptores; hay también una oratoria de profeta, la denuncia radical, directa y furibunda de la falsedad del mundo: boca y mano mortal han de ser, sin embargo, las que pronuncien la denuncia, implicadas -quiero decir- en el mismo universo económico que tiene a todos implicados, y así la verdad más directa y claramente proclamada, imposible de aceptar por los oyentes en instancias relativamente profundas de sus almas, será objeto tan sólo de una aceptación o puramente racional, y al reincidir de este modo en la escisión entre acción y teoría constitutiva del Estado, estará colaborando a la perpetua construcción de la mentira; pero está además la más honesta y dulce poesía, la cual es -ay- la ambigua, en el sentido que arriba la describíamos, la que invitando a la conformidad descubre la miseria y consuela del falso mundo cantando su falsedad. Y en los mecanismos de esa poesía el movimiento de persuasión se produce como una especie de simpatía de igual a igual entre el cantor y los oyentes, como condenados uno y otro a igual condena y suspirando por aquello que le es en común negado".



Pág. 335


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