lunes, 9 de febrero de 2015

CRECE LA FLOR


¿Agustín García Calvo?


Crece la flor de la noche:
la sembraron en lo hondo del cieno,
nadie sabe quién;
sus raíces como pámpanos ciegos,
blancas, blancas de puro no ver,
las entrañas de la tierra atraviesan
¿quién sabrá para qué?;
ya va abriendo sus vías secretas
a través de la roca, a través
de tus carnes dormidas:
déjala, déjala crecer;
ya, ya rompe la costra, y al aire
su tallo cristalino se alza,
que nadie lo ve,
y echa ramas y hojas de sombra,
y se abre por el mundo la flor
de la falta de fe:
déjala, déjala, déjala
crecer la flor:
es la flor de la noche, la flor
de la desilusión:
ella cubre la tierra y las almas
en un puro frío de amor;
ella esparce por doquiera un aroma
donde se muere todo olor,
que tiene la virtud de que todos los nombres
los sume en olvido,
y va borrando las cosas
de todo color,
desliendo las ciudades y montes
y las casas de la luna y el sol,
y todo trasparente lo vuelve
la maravilla de la flor,
y desnudo va dejando el globo del mundo
y desnudo tu corazón,
desnudo a lo de fuera, a la herida
del no de que no,
abriéndonos y perdiéndonos
ni en sueño ni en vela,
más allá que las estrellas y el agua celeste
y que sombra ni luz de Dios,
desnudos a lo sin fin, desnudos
a la verdad de lo que no se sabe,
a la verdad de lo que no.




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